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Lunes, 28 August 2017 18:15

El peligro de las tormentas de verano en la carretera

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tormenta-verano-carreteraSon frecuentes los días de verano que transcurren bajo una sucesión de tormentas que, cuando nos encontramos al volante, pueden suponer un grave riesgo. Te contamos cómo evitar este peligro en esta Noticia de Seguros de Coche.

Las tormentas de verano pueden sorprendernos en un día que, aparentemente, anunciaba una jornada de calma y sol. ¿Qué ocurre si uno de estos aguaceros decide presentarse cuando nos encontramos al volante? ¿Qué debemos hacer para extremar precauciones?

 

Los consejos y las indicaciones de seguridad vial, en estas situaciones, conviene tenerlos muy presentes pero, sobre todo, debemos actuar con una gran dosis de sentido común y serenidad, como en casi todas las situaciones imprevistas de nuestra vida.

Si estamos conduciendo cuando el cielo comienza a oscurecerse, divisamos en el horizonte las “panzas de burra” amenazadoras y las primeras gotas - goterones en ocasiones -  se precipitan sobre nuestro parabrisas, debemos prepararnos para la que se avecina.

Primeramente debemos “ingerir” una dosis de calma, diciéndonos sencillamente: “atención Javier o Javiera - nuestro nombre -  se avecina tormenta, piensa y actúa con cabeza y con mucha calma”.

Una vez que nos hemos metido en situación, pasaremos a la acción, jamás precipitadamente, moderando la velocidad y tomando conciencia de lo que tenemos en nuestro entorno: densidad del tráfico de frente o en el mismo sentido, tipo de calzada por la que circulamos (de sentido único, doble sentido, doble vía, autovía o autopista) para saber de dónde pueden surgir los riesgos derivados de compartir la vía con otros conductores, pues no somos usuarios en exclusiva.

En este sentido, conviene apercibir también a los otros usuarios de que nosotros vamos por allí, para ello encenderemos las luces de cruce y aumentaremos más de normal la distancia de seguridad con el vehículo que nos precede. No dejes de leer el artículo en el que te contábamos qué luces utilizar según la circunstancia en la que nos encontremos en la carretera.

 

¡El agua llega! Recordemos que las primeras gotas sobre una calzada seca provocan que el pavimento se vuelva especialmente resbaladizo. La mezcla de los elementos depositados sobre el mismo, arena o tierra, restos del desgaste de los neumáticos y restos sólidos de la combustión, manchas de combustible, aceite, humedecidos con el agua del inicio de una lluvia, forman una pátina extremadamente deslizante y donde nuestro neumático pierde, en gran parte, la capacidad de adherencia.

Las primeras gotas sobre una calzada seca provocan que el pavimento se vuelva especialmente resbaladizo

Evitemos por tanto los frenazos bruscos al disminuir la velocidad, así como los volantazos, y conduzcamos bastante por debajo de la velocidad recomendada en las curvas.

 

¡Ya llueve más! Aunque la calzada ya estará libre de residuos, habrá disminuido la visibilidad y, a medida que arrecie la lluvia, podemos encontrarnos con bolsas de agua acumulada, que podrían producirnos otro efecto peligroso para nuestra conducción, el aquaplaning.

Atención, por tanto, a las maniobras bruscas y a la velocidad.

Para tratar de vernos mínimamente perjudicados por la pérdida de visibilidad, hagamos uso de las luces antiniebla, delanteras, trasera o ambas en función del tipo de vía y, al mismo tiempo, aumentemos la distancia de seguridad.

 

¡Aquí está el aguacero! Nuestro limpia parabrisas ya no es capaz de evacuar todo el agua que cae, el coche es un tambor, el techo parece que se va a perforar…

Otra dosis de calma. Es el momento de poner las luces de emergencia (el warning), disminuir aún más la velocidad, sin perder de vista lo que hay delante y lo que puede venir por detrás, hasta detenernos.

Por supuesto, si lo que cae es granizo, sobra mencionar lo peligroso que es rodar sobre estas bolas de hielo. ¡Extrememos precauciones y pongámonos a cubierto!

 

La detención. Si antes de emprender el viaje ya percibimos que se avecina una gran tormenta, recordemos eso de “lo importante es llegar” y pospongamos nuestro viaje unos minutos más. Si ya nos encontramos en el camino y las condiciones hacen muy arriesgado seguir la marcha o no nos sentimos seguros de continuar, debemos parar. Pero atención, debemos hacerlo con la máxima precaución.

Orillemos nuestro vehículo todo lo que podamos hacia la derecha y, cuando veamos un lugar en el que podemos salirnos de la calzada, hagámoslo.

Mantener activos los cuatro intermitentes y el antiniebla trasero, además de dejar lo más expedita posible la calzada, son acciones esenciales para evitar sufrir el alcance de un vehículo que circule tras nosotros.

 

¡Reanudamos la marcha! Pasó el grueso de la tormenta y las condiciones ya nos permiten seguir, sin olvidarnos de las precauciones necesarias. Podemos reincorporarnos a la vía, pero manteniendo todos los sentidos muy activos, ya que puede que nos encontremos con balsas de agua, objetos en medio de la calzada, algún accidente de tráfico, una retención...

Por lo que, al son del “Despacito”, salvo que tengamos la suerte de sintonizar una emisora que ya haya decidido desterrar ese tema de sus listas de reproducción, podremos seguir nuestro camino.

 

¡Buen viaje!

 

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